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 | 1/6/2009 |
| La verdad sobre el caso Camps |
| Per Mireia Mollà. Diputada de Iniciativa en el grupo parlamentario Compromís. |
| publicat a Web |
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Las implicaciones del caso Gürtel en la Comunidad Valenciana han saltado por los regalos de los implicados principales a dirigentes populares. Pero eso no es más que una anécdota de la trama en Valencia que puede terminar con los huesos de algunos dirigentes populares fuera de la política cuando no en la cárcel y que, como en el caso de Al Capone, sea un asunto menor el que permita estirar del ovillo.
No se puede entender este caso Gürtel-Camps sin entender las prácticas mafiosas que se extienden en gran cantidad de administraciones locales gobernadas por el PP, empezando por el Presidente de la Diputación de Castellón Carlos Fabra y su Vicepresidente y ex alcalde de la Vall d’Uixò, ambos imputados en casos diferentes pero con una forma de actuar común, la que se desprende de la idea de que “aquí mando yo y si algo es ilegal, hay que cambiar las leyes”. Más que ningún sitio la afirmación de Tomás Moro de que el “poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente” se puede aplicar en la Comunidad Valenciana con toda fidelidad, pues la fusión entre administración-parlamento-gobierno-partido-empresas corruptas ha llegado a tal nivel de sofisticación que ha imposibilitado, hasta ahora, la existencia de un contrapoder que equilibre el totalitarismo rampante del PP. El señor Camps no contaba con que la Audiencia Nacional investigara a las empresas de sus amigos del alma y si, inicialmente, el Presidente de la Generalitat, aparecía como una víctima de la trama y los regalos recibidos eran una mera anécdota, la extensión de las relaciones contractuales entre Generalitat y las empresas y las conversaciones mantenidas entre Francisco Camps y “El Bigotes”, demuestra que él está en el centro de la trama. ¿A quién se llama un 24 de diciembre a las 10 de la noche sino a la familia más próxima?
El grupo parlamentario Compromís investigó durante dos años antes de que se airearse el caso Gürtel, los contratos menores que estaba realizando la Generalitat Valenciana. Nos resultaba muy sospechoso que, año tras años, en los presupuestos autonómicos aumentaran las partidas presupuestarias que quedaban sin fiscalización y fuera del control de las instituciones creadas para ello y del propio parlamento valenciano. Y que se continuara a pesar de las recomendaciones del tribunal de cuentas valenciano.
La falta de respuesta a las miles (literalmente miles, la última tanda 1.500 preguntas) de preguntas parlamentarias formuladas por nuestro grupo parlamentario que se han quedado sin respuesta, las pocas respuestas evasivas a los periodistas y la negativa a darnos datos de los más de 700 millones de euros (sólo en 2008) que se destinas a partidas que están a disposición discrecional de los consellers para gastos de funcionamiento, son indicios más que suficientes para sospechar que algo huele a podrido en el Palau de la Generalitat.
Si a eso sumamos el hartazgo de los funcionarios de a pie que trasmiten información sobre chanchullos, sobre enchufes de personas en la administración sin preparación pero con lazos familiares, sobre presiones o recomendaciones para adjudicar contratos a determinadas empresas, o las quejas de empresas del sector, de que no hay forma de obtener contratos de la Generalitat porque todas acaban en manos de una o dos y las inapropiadas visitas de un señor con bigote que se pasea por las dependencias del Palau de la Generalitat como Pedro por su casa, convierten los indicios en elementos de acusación.
La paralización de la administración valenciana es la consecuencia más grave que está produciendo toda esta situación, junto al despilfarro de recursos públicos en proyectos dudosos o netamente deficitarios mientras la crisis económica se ceba en nuestra economía, en el tejido empresarial y en los trabajadores. Una administración con las tasas más altas de destrucción de ocupación, con una economía dependiente de los sectores económicos más frágiles en épocas de crisis como la actual, con una deuda pública del 14% del PIB regional que paga sobrecostes en obras de dudosa rentabilidad – cuando no de dudoso gusto - y que, a pesar de preconizar el mercado libre interviene, mediante subvenciones directas o indirectas al sector del ladrillo o del ocio, es terreno abonado para que los vividores busquen el enriquecimiento rápido y fácil a costa del erario público. El dinero público en la Comunidad corre sin control y sin limitaciones y así es fácil que alguien venga con un saco y recoja lo que pueda. Y que el partido el poder se crea libre de pecado haga lo que haga.
Pero a esta realidad hay que darle una vuelta más a este argumento porque esas mismas empresas que se instalaron en Valencia con el objetivo de ser adjudicatarias de contratos públicos son las mismas que ofrecen sus servicios al Partido Popular en la Comunidad Valencia, las que organizan sus congresos, actos públicos y campañas electorales, y los cientos de contratos menores que las empresas del entramado Gürtel reciben acaban pagando servicios y suministros, cuyo coste es evidentemente inferior al precio de mercado. Y la pregunta es dónde acaba la diferencia entre coste y el precio de adjudicación, además de pagar los sueldos porque estas empresas eran todas deficitarias, según consta en el registro mercantil.
El grupo parlamentario Compromís ha remitido escritos a la audiencia Nacional en el que se sugiere que esa relación y la forma en que se realizan los pagos, en realidad es, presuntamente, un sistema de financiación ilegal del PPCV y que los regalos a los dirigentes populares no son más que la anécdota de una trama mayor. Las extensiones demostradas de esta trama en otras administraciones gobernadas por el PP en la Comunitat Valenciana como la localidad de La Nucía, en empresas públicas como RTVV o fundaciones públicas como la Fundación Agua y Progreso o la Fundación Luz de la Imágenes a las que se les exigía pagos por conceptos tan alejados de sus fines como los generados por el Open de Tenis, evidencia que la corrupción campaba a sus anchas por estas tierras de luz y de color desde que el PP la desgobierna.
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